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A%3E%3C o T, su mera silueta, es tan reconocible como la de cualquiera de ellos.
Por si acaso su vida no nos la conocemos todos suficientemente, le despacho en un momento: nacido Lawrence Tereaud en 1952 y aficionado desde siempre a los deportes físicos, el culturismo y el football americano, entre sus primeros trabajos remunerados ejerció de guardaespaldas para grandes figuras de esas que pisan alfombras rojas, antes de protagonizar la escena final de “Rocky 3” (1982) que le catapultó a la fama. Luego vino El equipo A, y luego todo lo demás. Los ochenta fueron su década, junto a Murdock, Aníbal, Phoenix y el resto, con los tebeos, los dibujos animados y con su fugaz carrera como luchador en la WWF, por supuesto representando a M. A. y haciendo pareja con el ídolo Hulk Hogan. En los años 90 casi desaparece por completo de la vida pública, dejándose ver únicamente en rarísimos cameos en series y películas casposas representándose a sí mismo. Los años 80 le pasaron factura, y Mr. T quería alejar por completo la imagen violenta y mamporrera de sus personajes de la vida real. Eme A se transformó entonces en una especie de gurú espiritual, un conferenciante y un amigo de los niños que no saben leer chachi, un embajador humanitario y poco menos que el líder de su propia secta. Superó un cáncer de próstata, y se rumoreó continuamente sobre su muerte (se sigue haciendo, ya sabemos cómo funcionan estas cosas) y sobre su presunta secta de ayuda a los niños enfermos, donde aseguraba tener habilidad para curar con sus manos y ser como Jesucristo redivivo, pero en más accesible. Ahí es nada, para que luego se quejen de la famosa frase de los Beatles. Qué grande que es este tipo.
Pero os voy a dar la tabarra un poquito más con el Sr. T, porque además de todas las proezas que cuelgan a hombros de este pro-hombre, hay una anécdota más que añadir a su biografía. La más importante, la que más se mencionará dentro de unos años: YO LUCHÉ CON MR. T. Sí, amigos. Tendría yo cuatro o cinco años cuando le conocí. Fue durante una de esas casposísimas fiestas de verano que organizan las agencias hoteleras. Yo estaba pasando las vacaciones con mi familia en un hotel de Benidorm (el Van Dyck, para más señas) a principios de los años ochenta, cuando el maestro de ceremonias anunció que en ese momento, ahí en el improvisado escenario junto a la piscina del hotel, iba a hacer acto de presencia el hombre más fuerte del mundo. ¡¡Era él, mi ídolo!! El traductor, haciendo como si no conociera el número, pidió a diez fornidos señores voluntarios que salieran al escenario. Separados en dos grupos, hicieron sendas cadenas y se pusieron a tirar con todas sus fuerzas, agarrados cinco a cada lado de T, que impasible el ademán les tumbó como si fuesen naipes. Aplausos y vítores. A continuación, sin mediar palabra, Mr. T me miró a mí, que estaba sentado en el regazo de mi madre, supongo, y me hizo el gesto de que saliera. La gente aplaudió. Y mientras yo me chupaba un dedo y miraba alucinado a esa montaña negra peluda, me retó a un pulso y se dejó ganar por mí con grandes aspavientos, antes de enseñarme sus miles de enormes dientes blancos con una sonrisa y acariciándome la cabeza invitarme a volver a mi sitio.
Jamás lo olvidaré. Amigos, yo no sólo conocí a Mr. T, no sólo luché con Mr. T, ¡¡yo derroté a Mr. T!! ¡¡El hombre más fuerte del mundo!! Debería estar por delante de él en esta lista. En fin, pido disculpas por la interrupción, pero entenderéis que me haya hecho ilusión contároslo. Prosigamos nuestro glosario.
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6. BLUE DEMON
El origen de Blue Demon (Blue para los amigos) es humilde y sencillo hasta decir basta. Último de 12 hermanos, nativo de un pueblecito cerca de Nuevo León (México), creció eslomándose como agricultor en su ciudad natal, y posteriormente como ayudante en la empresa de Ferrocarriles Nacionales, cuando huyó a la ciudad en los años 40. Hasta entonces nunca había oído hablar de la lucha libre, pero la casualidad hizo que se hiciese amigo del gran luchador Rolando Vera, quien le introdujo en el mundillo amateur de la lucha libre. BD tenía las manos muy grandes, por lo que Vera le llamó desde un principio Tosco, nombre que utilizó durante sus primeros entrenamientos como sparring de lucha en Monterrey. Pronto descubrió que tenía verdaderas cualidades para este deporte, y se dedicó en cuerpo y alma a perfeccionar durante dos años su estilo en la lucha amateur, apodado El Manotas. A principios de los años 50 dio el salto a la lucha profesional, según dicen las crónicas, derrotando, cubierto de sangre, a un tal Benny Arcilla. Después de curtirse unos años, un ojeador le facilitó sus primeras peleas en la legendaria Arena de México, donde formó pareja con Black Shadow, ya adoptando la máscara y el nombre definitivo, y ganando su primer título nacional en 1957.
Esa es la historia de sus comienzos como profesional. A partir de ahora, Blue Demon se fue convirtiendo poco a poco en el nº 2 de la lucha libre, porque llega el momento de hablar de Santo el Enmascarado de Plata, el mayor luchador mexicano de todos los tiempos. Santo y Blue Demon se convirtieron en los Batman y Robin de la lucha libre, en una suerte de Bud Spencer y Terence Hill enmascarados, derrotando a todo Perro del Mal que se pusiera a tiro y participando conjuntamente en hasta 12 películas de lucha libre de la saga de Santo, y cerca de 30 en total, desde 1959. A partir de aquí es donde empezó su carrera como ídolo de multitudes y como sidekick de la más importante estrella del cine fantástico sudamericano. Y a espaldas de la galería, comenzó también una leve y oculta rivalidad con Santo. Una envidia sana y unos celos profesionales que los llevaron a pelear en varias ocasiones (en la realidad y en la ficción), teniendo a la audiencia permanentemente dividida y debatiendo sobre quién de los dos fue más grande.
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5. HULK HOGAN
Ha llegado el momento de hablar de Hogan (Terry Bollea, n. 1953). El ídolo de masas, el luchador que a todo el mundo le viene a la cabeza cuando se habla de wrestling norteamericano, y concretamente, a los españoles, cuando se piensa en Pressing Catch. El seis veces campeón del mundo de la WWF. Profesional desde 1978, y actualmente (como también dije en otro momento) protagonista de su propio reallity-show televisivo, retirado y viviendo de las rentas en un impresionante rancho de california. Luchador desde 1978, culturista con aspecto de pulcro vikingo, desde su salto a la lucha profesional en 1984 ha sido siempre el protagonista de todas las grandes batallas de la edad de oro de la lucha yanqui. Víctima de todas las trampas de los luchadores del mal, defensor de la justicia, amigo de todos los niños y superestrella mediática. Decir Hulk Hogan es decir MTV, es decir espectáculo, es decir “carisma” y decir “dólar”.
En solitario o luchando emparejado con Mr. T o el Poli Loco, este hombre lo ganaba todo encima del ring. Aparecía bajo los focos con un riff de heavy-metal, abrazando a los bebés, se arrancaba su traje amarillo y hacía frente a los insultos de malvados rudos rapados que molaban bastante más. Era como una estrella del rock, un auténtico héroe agradable y puritano... Pero he sido benévolo con él y le he puesto entre los cinco primeros, porque en realidad a mí Hulk Hogan dejó de gustarme hace mucho tiempo. Cuando yo todavía era un niño y él coleccionaba cinturones de pedrería, era demasiado bueno, demasiado listo, demasiado sufridor, demasiado víctima. Y eso da mucha rabia. Además era un cuarentón, y el pañuelo permanente en la cabeza era más prueba de una ingente calvicie que parte de un disfraz. Quizá por eso trató de reciclarse como un Amo del Mal a mediados de los 90, en la liga paralela (la World Wrestling Corporation), peleando como Hollywood Hogan y ganando otro porrón de títulos.
Esto de la lucha libre profesional, con señores disfrazados en vistosos colorines, música de fondo, batallas guionizadas, sillas de cartón piedra y botellazos de pega, es por supuesto, como venimos viendo, un puro espectáculo. A menudo tiene más de teatro que de deporte. Y el salto al cine era cuestión de tiempo para Hogan. Apareció as himself en “Rocky 3” (1982), “Gremlins 2” (1991), “Espía como puedas” (1996), “Los teleñecos en el espacio” (1999), como protagonista en tristes subproductos de acción (“Lucha sin límites”, de 1989 o “Suburban commando”, de 1991...), en El Equipo A, Vacaciones en el mar, Los Vigilantes de la Playa, Walker Texas Ranger... Y como ya hemos visto, en estos tiempos que corren en los que en TV todo es realidad-fictificada, no sólo vive de las rentas, sino que es el protagonista de esa cosa tan tonta que se llama Hogan knows best.
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4. ANDY KAUFMAN
El caso de Andy Kaufman es único en su género. Aparece aquí por la pasión que tengo por él, no por su importancia real en el mundo de la lucha libre; pero tiene su parcelita en esto que venimos hablando. Andy fue uno de los más grandes stand-up comedians de los Estados Unidos. De esos que cuentan chisposas anécdotas sin más ayuda que un micrófono de pie y un foco, delante de un público adulto, en bares nocturnos. Con un redoble de charles al final. Lo que en España siempre hemos llamado “cómicos de taberna”, y de un tiempo a esta parte se conoce como Club de la Comedia a partir del dichoso programa, tan de moda ahora en el canal Paramount Comedy. Pues todo esto en Estados Unidos ha sido siempre una cuna de humoristas y actores cómicos, un subgénero del que han salido centenares de estrellas (desde Eddie Murphy hasta Jerry Seinfield), bien asentado en la cultura yanqui desde los años treinta. Y Andy Kaufman es uno de los más famosos de todos los tiempos, ya que basó su efecto cómico en sorprender y provocar al espectador. Como bien cuenta el biopic de Milos Forman “Man on the moon” (1999, protagonizado por un Jim Carrey expléndido, como siempre), era capaz de sentar entre el respetable a un colega suyo como Bob Smuda, y humillarle e insultarle hasta que la gente, engañada y ajena al montaje, se volviera loca y no supiera dónde meterse. O de salir en televisión en horario de máxima audiencia, en su mejor momento de fama, y limitarse a estar ahí mirando a la gente hasta que le echaran a tomatazos. Un provocador, un maestro del despiste, heterodoxo seguidor de la máxima “lo importante es que hablen de uno, aunque sea bien”. Será recordado principalmente por su papel del emigrante Latka Gravas en la serie Taxi, durante los 80. O por su casi enfermiza segunda personalidad, su particular